Hace un tiempo, dando unas formaciones para un programa de compliance, utilizamos imágenes de distintos ámbitos para introducir el tema de la ética. La última era la famosa mano de dios. Queríamos ver la reacción de los asistentes, su postura y evaluar qué hubiera pasado hoy con el VAR (un mecanismo de control, en definitiva). Y es interesante rescatar dos aspectos.


Por un lado era casi total (vale aclarar que las charlas eran en Argentina) la convicción de los presentes en las distintas sesiones a validar la jugada más allá de su justificación reglamentaria, con argumentos variados pasando mayormente por lo emocional. Esto vale una reflexión, si algo es legal pero no legítimo es difícil de aceptar. El hecho en cuestión era ampliamente legítimo para todos, poco importaba que decía el reglamento. Por eso es importante no sólo plantear normas, como pueden ser las políticas y procedimiento de un Programa de Compliance, sino cómo éste llega al equipo y cómo se logra su aceptación. No todo pasa por lo puramente racional. 


Por otro lado dimos la charla a jóvenes profesionales, ninguno llegaba ni de cerca a los treinta. En ellos la posición era totalmente diferente, no encontraban justificación al hecho. Tal vez poco fútbol, dirán unos, o que soplan vientos diferentes en otras generaciones, dirán otros, pero lo cierto es que pudimos percibir otra visión del hecho.


Y estas complejidades son buenas considerarlas en el plan de integridad. Los temas culturales y generacionales son a tener en cuenta si queremos hacer un cambio profundo y real.
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