Hace algunas décadas era común en la publicidad distintos desafíos impulsados por empresas que vendían jabones para máquinas lavadoras. El objetivo buscado era lograr el tono más perfecto de blanco en la ropa. Para ese fin,  invitaban a distintas amas de casa que usaran sus jabones habituales para compararlos con el de ellos. Generalmente terminaban con caras de mujeres sorprendidas ante el blanco logrado y un hombre que cerraba, con la caja del jabón en su mano, diciendo la marca o el jingle que identificaba el producto. 

Sacando el manojo de estereotipos utilizados (resulta increíble que aún hoy el poseedor de la clarividencia sobre limpieza en las publicidades siga siendo un hombre) es interesante plantear si cambiando la ropa por una empresa (p.e. la nuestra) esta pueda pasar un desafío de ese tipo. Y aquí la blancura sería los niveles de Transparencia e Integridad de la Organización.

Siempre es una gran duda cómo medirlo. Aquí van unos lineamientos generales:

  • Definir objetivos en la materia en línea con los objetivos de la organización, y que alcancen la totalidad de la misma (no es un tema que queda sólo en el Compliance Officer o el Auditor Interno).
  • Es indispensable para ello generar indicadores e ir midiendo su evolución en el tiempo. Con esto tendremos un primer nivel que es cómo evoluciona nuestra blancura, si vamos avanzando a una mayor claridad o el gris comienza a torcer la claridad. 
  • Constatar con mercado. Hay información en organizaciones que impulsan estas temáticas que pueden utilizarse como vara para medirnos.
  • Realizar una revisión del programa de integridad por parte de un independiente. Es una buena práctica tener un monitoreo eficaz que nos permita constatar la vigencia de nuestras acciones en la materia.

En Crearis Latam tenemos el equipo y la experiencia para ayudarte a tener el mejor programa de integridad y asegurar su cumplimiento en el tiempo. 

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