Estos días la naturaleza nos brinda un espectáculo estremecedor y no por eso menos atrapante en la erupción de unos de los volcanes de las Islas Canarias.

Es habitual usar los ejemplos que brinda la naturaleza en el manejo de riesgos. Y este caso sirve para ello.

El esquema tradicional de riesgos nos lleva a identificar el riesgo (en este caso la erupción de un volcán) y darle una valoración en función de probabilidad (supongamos que alta) y el efecto (medible en función de las estimaciones del magma guardado en sus entrañas, por ejemplo). Con esto obtendríamos un mapa de calor (vaya si es apropiado el nombre) que nos permitiría catalogar el eventual fenómeno.

Pero aquí creo que tenemos la necesidad de contar con un tercer eje que reflejaría el plazo (Largo, Mediano y Corto) sobre el cual se mide. Situado en el largo plazo este riesgo puede medirse en la posibilidad que, considerando los registros geológicos e históricos, dentro de cada centuria, por ejemplo, pueda producirse un evento. 

En el mediano plazo, en base a sismografía y desplazamientos que permitan identificar posibles riesgos dentro de un período medido en décadas. Y en el corto, que son las mediciones en base al grado de erupción, que permiten identificar la afectación por territorio y poblaciones, así como el efecto del polvo suspendido en el aire que dependerá de su magnitud y de los vientos que afecten el área.

En cada uno de los casos deberían observarse medidas diferentes para ocuparse del tema. Si en el Largo me diera una recurrencia de eventos corta tal vez debiera desalentar el asentamiento humano en el área. En el mediano serviría para alistar de mejor manera los planes de contingencia y separar partidas presupuestarias. En el corto es poner en práctica el plan de contingencia desarrollado y adaptarlo en función del desarrollo del evento presente.

Si llevamos este ejemplo a una empresa, un riesgo que puede ser la aparición de un competidor con un producto mejor al propio, significa un riesgo diferente en el Corto (afectará los resultados del corriente año), en el Mediano (afectará la participación en el mercado y el posicionamiento de la empresa) y en el Largo (que podría significar la quiebra).Las actividades a desarrollar también debieran ser diferentes en el Corto (reducción del precio), en el Mediano (mejoras en los canales y en la promoción) y en el Largo (mejorar o cambiar nuestro producto). La lógica de estas actividades es verlas en su conjunto, que sean coherentes y gestionarlas de manera coordinada.

Mantener el análisis de riesgos solo en dos dimensiones, sobre todo en lo que significa su respuesta, impide gestionar de manera integral la vida del riesgo. Los riesgos no son puntos rígidos en una hoja, sino formas que van modificando su tamaño y límites, y que se esparcen hacia el futuro. De no ver la figura en toda su dimensión podremos estar ocupándonos solo de una fina lámina que entra en los límites de las dos dimensiones.

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