Siempre es una gran duda si quien comete un acto objetable es por características propias de su persona (constituido por su formación - o falta de ella-,  su historia y la ausencia de valores morales) o si son las condiciones las que llevan a los individuos a cometer un acto de ese tipo. 

Algunos estudios llevaron a señalar que en cualquier tipo de población (por ejemplo una organización o empresa) existen tres tipos de individuos:

  • Ángeles: son de altos valores, transparentes y alejados de cualquier apartamiento a la ética, moral y buenas costumbres. Cumplen todas las normas de su comunidad de manera natural. No conciben violar lo que consideran preceptos sagrados (y lo decimos sacando cualquier consideración religiosa al respecto). Podemos decir que este grupo representa el +π% (3,1416% de la población). Son personas que siquiera pondrían el dedo para probar la crema en una torta. Que su figura esté en estampas y altares es solo cuestión de tiempo.


  • Demonios: antítesis de los primeros. Simplemente ven las normas como un objetivo para ser violado por simple deporte, lo suyo es el hackeo moral. Las normas que valen son las propias, y pueden ser cambiantes de acuerdo a la necesidad del momento. Podemos decir que este grupo representa el -π% (otro 3,1416% de la población). En general no se tienen amigos de esta características, porque ellos se manejan más en la categoría de cómplices. Tiranos mundiales y haters de redes sociales entran en este colectivo. Habitan en cercanías de los anillos más alejados del infierno del Dante.


  • Indecisos: dependen  de las condiciones del ambiente, su situación personal y los cambios sociales. Su cercanía a los dos categorías anteriores varía en el tiempo y en el tema. Sus características son la duda y cierta racionalización de algunos incumplimientos leves con justificaciones del tipo “todos lo hacen”. También es un grupo donde pueden pasar de valores positivos a negativos, o viceversa, por cambios sociales. Se sospecha que este grupo es el grueso de la población. Dicen que si uno observa cualquier tipo de concentración es probable que el grueso pertenezca a este grupo. Otros especialistas, menos reconocidos por cierto, aseguran que es altamente probable observarlos contemplando un espejo.

Otro estudio señala que los dos primeros grupos son construcciones ficcionales y que el único grupo que existe es el tercero. Pero para nuestro análisis nos mantendremos, a efectos prácticos, con la tesis original. 

Teniendo esta composición ¿qué podemos hacer desde una perspectiva de compliance o de manera más específica implementando un plan de integridad?

Sobre el primer grupo no tiene sentido trabajar. Pero será fundamental hacerlos participar. Ellos se sentirán identificados con la iniciativa y se convertirán en embajadores naturales del programa. 

Los segundos, imposibles de convencer. Para ellos estarán los controles internos y las sanciones.

Entonces, nos queda el grupo de los indecisos, este es nuestro público objetivo. Y no es conveniente enfocar los esfuerzos por prohibiciones o señalando los efectos punitivos. Lo ideal sería convencerlos de los beneficios que participen, compartan los valores y ejerciten el gestionar dentro de ese campo de juego. Se trata principalmente de eso, señalar cuáles son los límites dentro de los cuales el partido es válido. Dentro de eso: todo, fuera de los límites: no cuenta. Ese es el gran desafío. Y el Programa de Integridad es algo fundamental: creándolo, formando, comunicando y haciendo que forme parte del día a día en la toma de decisiones,

En Crearis Latam tenemos la experiencia, herramientas y soluciones para implementar el Programa de Integridad que tu organización necesita.


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