La historia que vamos a contar fue hace exactamente 300 años.

En 1713 culmina la Guerra de la sucesión española, que significa el fin de la casa Habsburgo y la llegada de la dinastía Borbón en la península. Inglaterra participa en la guerra (queda en el bando vencedor) y en el tratado de Utrech obtiene algunas ventajas para el comercio con los dominios españoles en América. 

Estos derechos son otorgados para llevarlos a la práctica a la Compañía de los Mares del Sur, pero en el mercado se creyó en un primer momento que los derechos de comercio eran mucho más amplios y los beneficios incalculables. La misma se componía de empresarios con grandes relaciones con el gobierno de esa época en Inglaterra (tory). Esto genera un gran entusiasmo en el mercado y logra muchos inversionistas. Pero en definitiva se transforma en una compañía financiera y da sustento al tesoro de Inglaterra para paliar los esfuerzos de la guerra (en definitiva, financiando el déficit público). 

La empresa fue teniendo distintos problemas, pero siempre volvía a surgir con promesas más extremas de riquezas que se iban a traer de América (que nunca iban a llegar) y condiciones más ventajosas de empréstitos con el estado. 

En definitiva fue una empresa:

  • fundada en relaciones con el poder;

  • con promesas falsas de ingresos futuros;

  • utilizada para un fin diferente para el que se creó;

  • que supo canalizar la ambición desmedida de los inversionistas.

Por desgracia, la fórmula mencionada será repetida muchas veces en el futuro. 

Finalmente en el segunda mitad de 1720 comienza la explosión de  la burbuja (entre otros temas se conocen las modestas concesiones del tratado de Utrech que representaban un volumen de comercio totalmente inferior al prometido) afectando así a toda la aristocracia inglesa, que había dejado sus ahorros invertidos en la Compañía con la promesa de rentas incalculables.

Esto genera un escándalo político (el gobierno inglés estaba involucrado y cae como consecuencia de ello), la incautación de los fondos de los responsables y su prisión en la Torre de Londres. 

Como dato curioso en Junio de 1720, unos meses antes de la debacle, el Parlamento inglés sanciona la Bubble Act, que supuestamente era para evitar lo que pasó (especulación desmedida y caída de los valores en corto plazo). 

En general creemos que estas situaciones alcanzan a personas con poca formación, pero hubo un personaje que merece nuestra atención. Sir Isaac Newton, una de las mentes más brillantes de todos los tiempos, arriesgó allí su fortuna en sus últimos años de vida y terminó en la ruina. Algunos mencionan que se lo escuchó confesar: “Puedo calcular el movimiento de las estrellas, pero no la locura de los hombres”.


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