Si analizamos la antigüedad del material teórico existente sobre compliance podemos concluir que su gran mayoría (si no queremos arriesgar a todo) ha sido escrito en las últimas décadas. Por otro lado, ese decálogo del poder escrito por el controvertido florentino ya araña las seis centurias. Es innegable que las generaciones que lo leyeron y practicaron poseen un entrenamiento y fortaleza acumulativa, aunque el libro original esté amarillo y ajado. Y más curioso aún es que podemos ver las prácticas descritas en sus libros en personas que no llegaron siquiera a tocar sus hojas. En cuántos discursos y decisiones vemos estampadas en letras de molde su famosa frase “el fin justifica los medios”. Claro, no se usan esas palabras, pero rascando en la cáscara semántica encontramos que se apunta a las mismas ideas.

El poder siempre parece una palabra impregnada con cierta suciedad. Es fácil asociarla a la tiranía y al despotismo. La mente siempre nos juega esas relaciones lineales. Pero también representa el motor que impulsa las transformaciones. Si no contamos con poder somos un motor que no se mueve.

Podemos de manera simple ver tres tipos de poder: la fuerza, el dinero y el conocimiento. Y en cada organización se ejercen de manera diferente y con diferentes medidas. Parte de ese mix ayuda a construir la cultura que la identifica. El poder y las relaciones que genera lo vemos en cada ámbito: Directorio, Alta Dirección, empleados, proveedores y todos los stakeholders que se nos ocurra. El conocerlas nos puede permitir utilizarlas para el programa de integridad o encauzarlas si son un obstáculo en el armado del governance. Pero nunca podemos ignorarlas. Ni siquiera con la salida de la persona que ejerce un determinado poder va a desaparecer el mismo. Es como un terminator que surge de sus propias cenizas. Toda vacancia de poder es temporal, será ocupado por otro. Y no tiene mucho que ver con la complejidad o tamaño de la organización. Se da en una multinacional como también en grupo parroquial. 

Por eso es imprescindible generar matrices de nuestros stakeholders donde midamos el poder, el impacto y la influencia de los mismos.

Desde Crearis Latam tenemos la experiencia para ayudarte a identificar y contemplar en el programa de integridad estos aspectos.

Y el Malbec? Siempre hay una buena ocasión para disfrutar de una copa. En eso también te podemos acompañar.

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.